Lucas De Feo – Pintor – Buenos Aires

Una charla en el consultorio médico, el es director del área médica de un hospital , pintor agradecido a la vida que lo cruzó con grandes maestros. Escucharlo es aprender a ubicar el lugar del arte en la humanidad, aun hoy día que hay quienes tratan de que creamos que el arte es inútil.

Una charla en el consultorio médico,  el es director del área médica de un hospital , pintor agradecido a la vida que lo cruzó con grandes maestros. Escucharlo es aprender a ubicar el lugar del arte en la humanidad, aun hoy día que hay quienes tratan de que creamos que el arte es inútil.

Nací en el 60, padres trabajadores así que quedaba al cuidado de mi abuela junto a mis primos. Para no atosigar a la abuela había que ir a actividades. Ahí comencé a ir a aprender música, dibujo o ingles  nada prendió, solo dibujo, desde los 8 años comencé con clases de dibujo. Tuve mucha suerte porque en esa época frente al cine Gran Alsina, en Valentín Alsina tenía su atelier un gran maestro argentino  Severino García Bravo, murió hace poquito con más de 90 años. Un tipo extraordinario, recibía muchos chicos como yo, a los 9 comencé a pintar y estuve con él hasta los 16 años. Cuando terminé el secundario tenía que decidir la carrera, bellas artes u otra cosa. No tuve huevos y busqué algo que me diera seguridad, tengo empatía con la gente y la medicina me gustó. Servicio militar por medio, estudio, residencia médica todo ese tiempo no pinté, corté todo contacto con la pintura. La medicina poco tiempo te deja. Nacieron mis hijos y eso dio que, desde los 17 hasta los 37 más o menos estuve lejos del pincel.

La medicina así como me sacó me trajo mas tarde a la pintura. Para diciembre en el hospital donde trabajo el “Instituto de investigaciones médicas” hacen jornadas científicas, en la jornada siempre hay una muestra de arte, me preguntaron si pintaba, me pidieron que lleve algo. Al año siguiente llevé tres cuadros viejos. Al salir, en una estación de servicio paré a cargar nafta, el playero mientras me cargaba nafta vio los cuadros, preguntó si pintaba le comenté que hace mucho dejé, me dijo que lástima yo recién comienzo con un maestro de aquí en frente, Amador Tanoira.  En ese tiempo yo pasaba siempre por una galería de Unicenter a ver los cuadros de Amador, siempre me gustaron sus cuadros. Pregunté donde daba las clases y que días, me dice martes y viernes,  justo era viernes, así que fui. Así volví al arte.  Con Amador estuve 7 años y siempre lo consulto.

La pintura es mi psiquiatra, la concentración en el detalle es lo que me saca de los problemas de los pacientes, los problemas del hospital.

Ese playero es Alfredo Luccerini que hoy se destaca en el país por los animales que pinta.

Uno es lo que fue aprendiendo en el tiempo, se equivoca y corrige, así se hace el artista. Participé de exposiciones múltiples compartiendo  con otros.

La pandemia fue muy costosa desde lo emocional, perdimos amigos, estuve internado, fue terrible. Seguí yendo al hospital, eso me mantuvo, me levantó la moral poder hacer algo. La anterior pandemia que registro fue la del SIDA, pero estaba acotado y era previsible que población debíamos cuidar. Pero como la del COVID no habíamos vivido otra. Ese año y medio que no atendí consultorio comencé a pintar con acuarelas, a experimentar. Comencé a hacer bocetos, buscaba encontrar el punto a la acuarela. Quería llegar a pintar una acuarela, no a pintar con acuarelas. El concepto de una acuarela es algo que represente pero que no es.  Estoy en ese proceso de aprendizaje.

La medicina te forma muy rígidamente, hay que hacer todo de una manera sin apartarse. La pintura es otra cosa, hay que poner algo propio a la imagen, no es una foto, es muy personal. Siempre hay una luz un color que no estaba en lo que vemos pero que al ponerlo le da ese toque personal.

Yo siempre iba a dibujo los viernes a las 18 y me quedaba hasta tarde la noche. Ahora me programé igual, los viernes no hago consultorio y desde la tarde lo dedico a la pintura  y sigo sábado y domingo. Desde 2006  no pasó una semana sin pintar. Aun internado  pinté acuarelas en el sanatorio.

Mi esposa Mónica era también de zona sur, ella trabajaba en el hospital Naval. Nos mudamos a Caballito al casarnos. Tenemos dos hijos  Romina y Gonzalo ya más de 30 años cada uno. No se dedican a la medicina, Romina tiene una veta creativa, es diseñadora de indumentaria, ellos ya tienen sus vidas independientes, sus matrimonios y aun no hay nietos.

Si por la medicina he dejado de vivir algunas cosas de mis hijos y pienso que me equivoqué al no acompañarlos  más cuando niños. Pero bueno, todos nos equivocamos.

La salud mental es importante, y el arte es para mí el cable a tierra.

La primer exposición mía fue en el 2011, en el Centro Galicia, en Expo-arte participe de las cuatro. Y en galerías en forma colectiva he participado de muchas. En el centro cultural Recoleta, en el Borges, siempre en exposiciones colectivas.

Aquí a dos cuadras está el Museo Perlotti, he presentado mi carpeta a ver si puedo hacer pronto una exposición ahí. En mayo voy a exponer en el palacio Barolo, iré con tres obras nuevas y tal vez una acuarela.

Mis comienzos en exposiciones fue por gestión de una paciente que tiene ahora 95 años, ella siempre veía mis cuadros en la sala de espera, y decía ¿Cuándo va a mostrar lo que haces? Y no me convencía, Ella insistía y como era miembro del centro Galicia organizo mi primera exposición, en esa época ella tenía 85 años. Y de golpe me dice ¿te parece bien en Agosto?  Supuse tendría  más de veinte obras para mostrar, la muestra fue de 40 obras.  Leonor Núñez fue la disparadora de mis exposiciones. Y ahora ella con 95 años  insiste en organizarme una expo en Bellas Artes.

Después de pintar imágenes de diferentes ciudades de Europa que visitaba en los congresos médicos comencé a dedicarme a pintar rincones de Bs. As. Lo que me hace tener muchas obras de nuestra ciudad.

Nota , Marzo 2022 de Guillermo Contreras para www.laveredadelsol.com.ar y www.revistadelosjaivas.com

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