Eduardo Parra
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El poeta de Los Jaivas

 

 

revela con emoción ciertos detalles

 

 

 inauditos sobre la creación

 

de una de las obras capitales de la música

 

 

 latinoamericana.

 


Un comienzo mágico

         Cuando Daniel Camino, el productor peruano gestor de la idea de llevar a cabo una obra con estos tres elementos para él muy importantes: Machu Picchu, Neruda y Los Jaivas, no se imaginó jamás que nuestra primera reacción iba a ser NO. Un no rotundo se dejo sentir en nuestro domicilio de aquel tiempo a las afueras de París que albergaba a toda nuestra comunidad y que se llamaba Villa Les Glycines.

         La verdad es que nosotros en aquel momento no nos sentimos merecedores de la pretenciosa proposición: interpretar los versos del gran Neruda y cantar a la ciudadela incaica creando una obra musical… Esto sobrepasaba la capacidad que nosotros podíamos soportar por aquellos días. De ninguna manera nos sentíamos los más adecuados para realizar esa obra, nos sentíamos tocando un terreno que más hubiese correspondido a otros grupos que gozaban ya de un tremendo empuje popular y sobrada fama como lo eran Quilapayún e Inti Illimani. Pero este punto de vista nuestro no era compartido por Daniel Camino quien no se cansó de estimularnos y tentarnos con la gran posibilidad de realizar una filmación en las propias ruinas. Nada de esto fue motivo para que nosotros cayéramos en la tentación. Nuestro punto de vista humilde y definitivo no cejó en ningún instante.

         Sin embargo el destino, la realidad y la magia, iban a querer exactamente lo contrario.

         El concatenamiento de los hechos que por aquellos tiempos nos sucedían, creó una de nuestras más importantes obras. 

         Albertito Ledo había quitado el grupo no hacía mucho tiempo y en recuerdo de su preciosa estadía nos dejó de legado un tema que él solo había grabado en nuestra sala de ensayos junto a Dominique Strabach en ese tiempo nuestro ingeniero de sonido. Toda la comunidad conocía ese tema, menos yo. Fue Dominique quien una mañana me encontró en uno de los pasillos de la casa y con su rico acento francés me dijo: “Eduargdo, tu egres el único que no ha escuchadó el tema que deho Albertito”. Yo le respondí que tenía algo que hacer en ese momento pero que en una hora más me haría presente en la sala de ensayos para escuchar el tema. Efectivamente, una hora después entré a la sala donde Dominique me esperaba listo para echar a andar la grabadora. Invadió la sala un aire muy sugestivo y de una musicalidad muy especial y aunque los sonidos sugerían el ande y el folclore andino, el resultado total era algo nuevo, nada de comúnmente escuchado. Mi opinión de inmediato fue que el regalo de Albertito era precioso.

         Hasta ahí llegó ese momento. 

         Pero como sabemos, en la mente de los seres humanos almacenamos todo en un disco duro que no tiene prácticamente límite ni en Gigas ni en Teras ni en nada. El tema de Albertito había quedado almacenado en mi cerebro a la espera de un llamado que la misma mente o la sugerencia de algún hecho o esencia exterior motivara la presencia de ese recuerdo. Fue lo que exactamente pasó a los pocos días después. Oponiéndose a toda lógica con respecto a la rotunda negación que habíamos dado a Daniel Camino, en mi habitación se produce un momento mágico que yo reconozco como el momento de la creación. Tenía que ser un acto, quizá el más doméstico de todos, el que iba a provocar la llamada.

         Haciendo la cama, tiré la sabana de abajo extendiéndola a lo amplio del colchón y normalmente el movimiento del aire se devolvió contra mi rostro y vino la evocación.
Del aire al aire, repiqueteó mi voz interior. Del aire al aire, repitió. Yo abrí ampliamente los ojos sorprendido por la sugerencia que en mi mente se estaba produciendo. El regocijo de la creación fue más fuerte que nada y mi cuerpo enteró se repletó de una exigente alegría. Salí corriendo de la habitación, bajé las escalas hasta que alcancé la sala de la música donde, como siempre, estaba Dominique en sus habituales trabajos de sonido. Por favor, Dominique, le dije bastante alterado por la emoción, puedes poner el tema de Albertito…

         Después de haberlo escuchado, alucinado por la coincidencia del sonido y los versos de Neruda, no me cupo la menor duda. Ese tema era Del aire al aire. Es decir, el tema con que ¡comenzaría la obra! Todo eso me pasó como un rayo por la mente y de una carrera fui recorriendo pieza a pieza proponiendo a la familia entera una reunión en la sala de la música dentro de una media hora. Efectivamente, la reunión general se produjo y todos esperaban ansiosos saber el porqué de tanto misterio. Reunida la totalidad de la comunidad, yo le propuse a Dominique que hiciera rodar el tema. Casi a coro todos me miran y se ríen diciendo: Ja, ja, ja. Pero si ese es el tema de Albertito. Tú eras el único que no lo conocía… Y yo les respondo: Si, pero ustedes no saben cómo se llama. Todos me miran atónitos y en suspenso esperando por el nombre del tema. Entonces yo les digo sin más ni más:
Se llama Del aire al aire.

         Sin duda este hecho causó conmoción en los corazones toda la comunidad quienes no pudimos decir otra cosa que habíamos comenzado la creación de la obra musical Alturas de Machu Picchu.



La obra

         En tanto que cercano a las letras, yo fui comisionado por el grupo para encargarme del poema de Pablo Neruda y dar un resultado sobre cómo podríamos enfocarlo.
Estudiando el poema de Neruda descubrí que de sus doce cantos varios de los primeros podían quedar inscritos bajo el sólo título de La poderosa muerte, verso que se encuentra en uno de sus cantos. Esto era obvio y saltaba a la vista ya en su primera lectura. Fue así como llegué a la conclusión final de que nosotros dividiríamos nuestra obra musical en siete cantos.
Respecto de los versos que cabían en cada uno de esos siete cantos, iba a ser Gato el encargado de elegir cuáles él cantaría.
Fue así como conseguimos el esquema de nuestra obra.

         Cuando Daniel Camino se enteró de esto, no pudo más de alegría. Había partido de vuelta a Lima decepcionado por nuestra negativa. Sin embargo haría una escala en Madrid que fue el teléfono que usamos para informarle del feliz suceso: Daniel, llevamos tres minutos y medio de Alturas de Machu Picchu.

         De ahí para adelante todo fue jolgorio y creación. Hasta que el sueño dorado de Daniel llegó a cumplirse totalmente cuando un día de septiembre de 1981 llegábamos con una obra realizada a la ciudadela misteriosa.

         Canal 13 de Chile en combinación con Canal 7 de Perú se encargarían, bajo la dirección de Reynaldo Sepúlveda, de llevar a imágenes esa inusitada experiencia musical.


Machu Picchu

         Nunca antes ninguno de Los Jaivas habíamos puesto un pie en ese lugar. Ni siquiera teníamos mucha idea de él. Solamente conocíamos lo que cualquier ciudadano del mundo desinteresado podía saber.
Nos sorprendió de inmediato la curiosa correspondencia de nuestra música con aquel monumento recóndito. Habíamos sido inspirados por los versos de Neruda y éstos, sin duda, ejemplifican y retratan de manera total y profunda el espíritu, las terrazas, las piedras, la ciudadela, el paisaje y la inmensidad de esa hazaña arquitectónica que el vate dejó grabada magistralmente en un largo poema considerado como el más grande escrito en lengua castellana.

         Era un lujo hacer el doblaje de cada tema en aquellos rincones mitológicos. Cada compás correspondía con mágica precisión a cada punto de vista obtenido desde cualquier terraza, desde todos los rincones, desde el centro reverencial de una civilización que se supo perdida, sumergida en las alturas enmarañadas de los Andes.


Los milagros

         Muchos milagros de la virtual condición mística se produjeron ahí durante los quince días de filmación. Como dijo el arqueólogo a cargo, mientras yo lo detenía conmocionado por una visión que no hacía más de dos segundos se me había esfumado en una habitación del caserío llamado de los sabios, este científico viéndome alterado, simplemente responde a mis inquietudes:
Esto pasa siempre aquí…


El regreso

         Hoy regresamos con fama y gloria al lugar que definitivamente ha regalado un montón de satisfacciones a nuestra carrera artística dejándonos como uno de los grupos de mayor relevancia en relación directa a nuestra milenaria cultura americana.

         Esta notable diferencia que se fue creando desde nuestra primera visita en 1981 hasta el día de hoy, es obviamente fundamental puesto que los treinta años pasados y aún no necesitando la ayuda del todo, nuestra obra ha contribuido enormemente para que a través de ella se continuaran popularizando tanto el larguísimo poema de Neruda así como las fabulosas ruinas del santuario de Machu Picchu, testimonio elocuente de una civilización orgullosa que no pudo dejar otro rastro más que estas pulidas piedras, misteriosas habitaciones y empinadas terrazas.

         Así en este instante las autoridades gubernamentales peruanas y muy en especial las cuzqueñas han tenido la delicada deferencia de invitarnos a participar de las celebraciones que en memoria del descubrimiento de la ciudadela por Hiram Bingham en 1911, se realizarán en Cusco y en el mismo Machu Picchu entre el 6 y 8 de julio.

         Es evidentemente un inmenso honor para nosotros poder compartir este momento que gozaremos, sin duda, con la misma pureza como cuando la primera vez llegamos sin todavía ni siquiera imaginar que la obra musical Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda y Los Jaivas, llegaría a ser una de las obras cumbre de la música latinoamericana y clasificada, además, como entre las diez mejores del folk-rock progresivo.

¡Gracias, Perú!
¡Gracias, Cusco!
¡Gracias, pueblo incaico!
¡Gracias, Latinoamérica!



Eduardo Parra para La Vereda del Sol
 

 

 

 
 
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