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Primer martes del mes de marzo, las mañanas comienzan a tener una temperatura agradable. De apoco, hace días, comenzó a alejarse el calor terrible del verano, ya el otoño da vuelta a la esquina.

            El viaje a la capital me toma en tren una hora y minutos, para esa hora de tren llevo una revista que seleccioné especialmente anoche de entre muchas. Ya sentado cambie los lentes de calle por los de leer y abrí la revista, nota central “Lisandro de La torre”, el viaje se hizo rápido entre mi recorrida por la argentina de fines del 1800, de la actividad política de Don Lisandro, y fui entrando en las disertaciones que dio y las cartas que escribió antes de suicidarse en 1939.

Hombre del que no se resalta su ideología, ni su partido, en realidad es ejemplo de honradez y compromiso con el país. Para cuando renunció a su banca estaba quebrado económicamente, perdía su estancia acuciado de deudas, había sido la voz firme contra la corrupción en la venta de carnes, corrupción de la que se beneficiaron las familias acaudaladas y el poder político.

            A la izquierda de mi ventana ya percibo la villa 31, caserío que anuncia la pronta llegada a la estación Retiro, al centro de la ciudad de Buenos Aires. Como para llegar a la oficina tengo que tomar el colectivo, guardo momentáneamente la revista y cambio los lentes. Actitud que deshago rápidamente al sentarme en el colectivo, deseoso de seguir leyendo el pensamiento de un hombre honrado ante la decisión de su muerte.

Al lado mío, en el colectivo, con vos demasiado fuerte como para ignorarla una mujer habla por celular. – Si mamá te sacan grasa de los rollos de la panza, la licuan y te la ponen donde la necesites, en las lolas, en la cola…–  Yo intentaba seguir el hilo dl pensamiento de Don Lisandro sobre la barbaridad del fascismo, año 39, sobre el  apoyo de la Iglesia a esos estados, sobre que no quería hacer mal a nadie pero ya no podía seguir viviendo. –Si mamá, me lo hago, cuesta 3, pero ya no voy a tener que ponerme la remera en la playa como tuve que hacer en Brasil, es genial, es lo más…–

Un viaje, lectura, entorno de teatro y entendí lo que decía Don Lisandro, y porque se fue.

Guillermo Daniel Contreras

 
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 guicontreras@laveredadelsol.com.ar