La casa de Ernesto Sábato

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    --Aquí es --dijo.
    Se sentía el intenso perfume a jazmín del país. La verja era muy vieja y estaba a medias cubierta con una glicina. La puerta, herrumbrada, se movía dificultosamente, con chirridos.
    En medio de la oscuridad, brillaban los charcos de la reciente lluvia. Se veía una habitación iluminada, pero el silencio correspondía más bien a una casa sin habitaciones. Bordearon un jardín abandonado, cubierto de yuyos, por una veredita que había al costado de un galería lateral, sostenida por las columnas de hierro. La casa era viejísima, sus ventanas daban a la galería y aún conservaban sus rejas coloniales; las grandes baldosas eran seguramente de aquel tiempo, pues se sentían hundidas, gastadas y rotas.

 

I. El dragón y la princesa 

 
 
II. Los rostros invisibles (parte V)

   

 

  "Tal vez a nuestra muerte el alma emigre", se repetía Martín mientras caminaba. ¿De dónde venía el alma de Alejandra? Parecía sin edad, parecía venir desde el fondo del tiempo. "Su turbia condición de feto, su fama de prostituta o pitonisa, sus remotas soledades."
    El viejo estaba sentado a la puerta del conventillo, sobre su sillita de paja. Mantenía su bastón de palo nudoso, y la galerita verdosa y raída contrastaba con su camiseta de frisa.
    -- Salud, viejo --dijo Tito.
    Entraron, en medio de chicos, gatos, perros y gallinas. De la pieza, Tito sacó otras dos sillitas.
    -- Tomá --le dijo a Martín--, llevala, que en seguida voy con el mate.
    El muchacho llevó las sillas, las puso al lado del viejo, se sentó con timidez y esperó.
    -- Eh, sí... --murmuró el cochero--, así con la cosa...
    ¿Qué cosa?, se preguntó Martín.
    -- Eh, sí... --repitió el viejo, meneando la cabeza, como si asintiera a un interlocutor invisible.
    Y de pronto, dijo:
    -- Yo era chiquito como ése que tiene la pelota y mi padre cantaba.

Quando la tromba sonaba alarma
co Garibaldi doviamo partí.

 

 

 

 

 "Tal vez a nuestra muerte el alma emigre", repetía Martín mientras caminaba.

 

 

Santos Lugares , Buenos Aires

 
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