Escritores de Centenario 
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Poemas y narrativas de los escritores de Centenario

Neuquen, Argentina

publicados en Círculo Litererio Nº 18

de abril de 2012

Nely Laurent

 

 

 

 

“Soneto por la Paz”

 

La Paz: genial proclama bendecida

es tarea plural cada momento

cada paso forjado: esfuerzo atento

su lenguaje, su gesto, su medida.

 

Hay que buscar la Paz: ¡entronizarla!

y en cada alma de un nuevo florecer

sonrisa infantil de Febo al nacer

con esa misma paz atesorarla.

 

Sin la sagrada Paz la muerte espanta

la semilla se pudre y nadie canta

y silencioso el cielo se amuralla.

 

Es la Paz el trabajo, el sol fraterno

es justicia total, designio eterno

es propuesta ancestral: ¡nadie la acalla!

 

Judith Muñoz

 

Oscar Méndez Brand          

 

“Un altar en mi memoria”

 

El silencio, que estaba oculto en la espesura,

me lo dijo en voz baja:

“Mañana, ella no vendrá, no sufras,

porque se fue allá,

al lugar desde donde no se regresa.”

 

Luego continuó:

“Perdona que sea ingrato,

son muy duras mis palabras;

más, siempre fue cierto

que la verdad es la que duele.”

 

Entonces, sin saber que es lo que hacia,

vagué por mis infiernos,

no lloré su lejanía,

así, tal vez ella sabría,

que la amaba con el alma.

 

Por eso, desde ese mismo instante,

siendo un niño pequeño,

como en realidad lo era en aquel entonces,

le construí un altar, a perpetuidad,

en mi memoria.

 

 

Héctor  Manuel  García Arias                                         

 

 

“Yo sé Mujer”

 

Yo sé mujer que tu sueñas

que un día ha de volver,

el que se fue una tarde

sin razón y sin porque.

 

La tranquilidad de tus noches

en hastío convirtió,

en una ausencia sin causa

de larga espera y dolor.

 

En esas noches sin luna,

en esos días sin sol,

tu piel siente la ausencia

de caricias, de pasión.

 

Quisiera con mi poesía

rendir culto a tu esplendor,

ser el gato cariñoso

que en tu regazo durmió.

 

Para que no sientas pena

y alegre tu corazón

con perfume de amor nuevo

y nuevos días con sol.

 

 

 

“Nuestro Gaucho Argentino”

 

Zoilo Miranda había ganado la partida; salió airoso en aquella payada con Braulio Villegas y le enseñó con quien se había topado esa noche calurosa de Enero. No era feliz, sin embargo, porque le había enseñado a su gran amigo que no era fácil contestar con destreza sus preguntas insidiosas, llenas de picardías; no pudo responder a su ,“¿ cómo se mide  el amor de una mujer a un hombre ?“ en forma clara y precisa..

Su padre, auténtico criollo, le había enseñado las mañas que tenían esos potros ariscos, briosos, a los que él, con paciencia pialaba, haciéndolos  caer de jeta contra el suelo. Su abuelo, Don Alejo, oriundo de lejanas tierras cantábricas de Santander, del noreste español, estaba orgulloso de su nieto;  gran guitarrero, cantor y buen payador, como lo había sido él  en sus años mozos en los que se adaptó a las costumbres del gauchaje de Trenque Lauquen. Bendita, decía él, esta tierra que lo había acogido, cuando su padre  se trasladó a la provincia de Buenos Aires para ganarse la vida trabajando la tierra, que en esos tiempos no era fácil conquistar; tuvo que adaptarse a cuidar su vida y de su familia cuando los malones de la indiada caía de improviso sobre las casas, arrasando todo lo que encontraba a su paso, defendiendo con bravura sus pobres pertenencias.

Es de resaltar la fácil adaptación al suelo y costumbres de nuestra tierra, que tuvieron nuestros abuelos extranjeros; españoles, italianos, franceses, rusos y de otras regiones.

Nuestros gauchos del norte(Salta, Jujuy, Alto Perú, hoy Bolivia), cuyas raíces pertenecían en gran medida a la rancia estirpe española de origen cantábrico, como lo fue nuestro héroe Juan Martín de Guemes, que dió su vida por nuestra libertad, defendiendo con altos ideales, nuestro suelo ante el atropello de los ejércitos realistas que bajaban desde Cochabamba y La Paz hacia la ciudad de Córdoba, para llegar a Buenos Aires y castigarnos por haber resuelto un 25 de Mayo de 1810, gobernarnos por nuestra propia cuenta.                                                             Omar Gamarra

 

 

“Ofrenda”

 

Cual furtiva plegaria de verano

en el desamparo de la tarde     

esta soledad agazapada

al prefijo de mis horas

urde letanía de mariposas

mientras la noche amuralla mis esquinas.

 

Y una rebelión de rosas y golondrinas

en la hoguera de los sueños

trunca despojos de luna

en el mediodía de tus pupilas,

abrazando un vendaval de caricias

en el destierro de mis silencios.

 

Más en este mágico aquelarre

aguardo la luz peregrina de tu alborada

y en la nostalgia dormida de agosto

redimo versos de espejismo y horizonte

crepitando recuerdos

en el torbellino de mi holocausto.

 

 

Estela Colón

 

Nely Laurent

elateneonelidalaurent@hotmail.com

 
 
 
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