Nélida Laurent 
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Selección de cuentos 

 

 

 

Los muchachos del taller

 

  A los altibajos de los pechos de Olguita, que se bamboleaban como peras maduras, en los atardeceres del barrio, los muchachos del taller suspendían el trabajo y salían todos a mirar para la calle donde ella aparecía normalmente;

consciente  que la estaban esperando para admirar su delantera, se ponía una remera bien ajustada, apretaba su cintura con un ancho cinto elástico, que resaltaba aún más su busto, y doblaba por la esquina, haciéndose la tonta.

  Felipe, el más  joven y atrevido de todos nosotros, un día no resistió la tentación, y en lugar de estar en el taller, se fue una hora antes, pidiendo permiso para llevar a su madre al médico, llegó a la casa, tiró la bicicleta contra el cerco, se sacó el mameluco y se zambulló en el baño, se afeitó, se perfumó, se puso la camisa blanca de los domingos, salió a los tropezones, antes que se le haga tarde, al paso cortó las mejores rosas del jardín de su madre, subió a la bicicleta y salió como chifle; llegó justo a tiempo: a dos cuadras venía Olguita bamboleando sus pechos, con un escote que dejaba ver casi hasta el pezón, Felipe se puso rojo, verde, amarillo y se secó la transpiración, cuando la tuvo enfrente se quedó mudo, ella lo sacó de su estado con un saludo más dulce y amable que de costumbre, ¿ dónde vas tan elegante? Le dijo sorprendida, con un suspiro, él retomando el aliento, y tartamudeando le dijo: a darte estas rosas, que están tan lindas y pensé que te gustarían, y quería invitarte al cine, dan una película  que creo que te va a gustar.

  Se alejaron caminando hasta perderse en el atardecer de la calle, con el horizonte rojo de vergüenza, mientras nosotros, los muchachos del taller, nos quedamos mirando, sin poder entender como hizo Felipe para llevarse a Olguita.

 

 

La fuga

 

Las tres mujeres estaban impacientes, esa tarde tendrían una visita muy esperada: La tía Mary, que en realidad no era tía de nadie, pero así la llamaba Pierina; habían arreglado todo con muy buen gusto y escasos recursos, a no ser por la reja en la puerta, aquella celda parecía un agradable departamento. Ellas se habían hecho amigas a la fuerza, obligadas a compartir ese lugar para purgar sus culpas, tenían ciertos privilegios por buen comportamiento.

Pierina Goñi: Procesada por estar implicada en robo y homicidio, incitada por su novio,

al que odiaba y no quería ver por el resto de su vida, tenía un hijo de diez años.

Marcia Ríos: Condenada a cadena perpetua, por matar a su bebé recién nacido, tenía una hija de seis años; era la más jodida, resentida, odiaba a medio mundo, había que tomar las palabras con pinzas para hablarle y en lo posible evitarla.

Esterlina Dalmacio: Condenada a tres años, por tráfico de drogas, igual que su novio, que estaba en otra cárcel obviamente; sufría de miopía progresiva, pero era la única feliz, la llevaban a visitar a su novio, faltaba poco para cumplir la condena, tenía planes.

¿Te acuérdas que parecida a vos que es la tía Mary? Preguntó Pierina dirigiéndose a Marcia, que respondió con una fría mirada, claro  que lo recordaba, pero su plan no admitía confidencias, pensó y recordó la patente del auto de Mary: RIO-013 Gol blanco,

¡Todo perfecto! Tenía el éter que se robo en la enfermería, cuando fingió estar descompuesta.

El reloj dio las dieciséis y llegó la tía, muy coqueta con una pollera larga, tacos, un chal y anteojos de sol, que bien estás dijeron las otras dos y Marcia pensó: Perfecta. Les trajo regalos, sobre todo materiales para sus labores, se fue la hora volando y la guardia vino por

Esterlina, me disculpan chicas, pero Coco me espera, Pierina se fue a traer unos rabanitos y Marcia aprovechó: el momento justo, ahora o nunca, la tía fue al baño, Marcia empapó  un trapo con éter , se metió en el baño y le tapó la boca con el anestésico, la arrastró a la cama, le sacó la pollera, los tacos, le vació el frasco de éter y la tapó bien, se vistió rápidamente, tomó el chal y los lentes; fingió que se ahogaba de tos, para señalar la cartera y las llaves, ya en la guardia dijo roncamente: Mary López, le entregaron el documento y salió lo más pancha, ya en la calle lo vio: allí estaba el Gol blanco, cuando giró la llave creyó abrir las puertas del Paraíso, ¡Que sensación bárbara! Tubo ganas de apretar el acelerador a fondo, pero era necesario no llamar la atención, sabía que iban a buscar el auto, ¿cuánto tardarían en descubrir a la tía en su cama o cuánto tardaría ella en volver en sí ? Pensó rápido tengo que sacar un pasaje y bajarme en cualquier pueblo, ahí nomás estaba la terminal, tenía documento, plata, dejó el auto entre unos matorrales y salió corriendo, tan concentrada en sus planes, cruzó la ruta y no vio el camión que terminó con su vida; la llevaron al hospital y llamaron a la familia, según sus datos.

Recién a la noche Mary reaccionó, contó lo sucedido y la atendieron en la enfermería, volvió a su casa con ropa que le prestaron Pierina y Esterlina, y al llegar a su negocio vio un letrero en la puerta: Cerrado por duelo. Una vecina que salía por la puerta del costado al

verla  se desmayó.

 

 

El viaje de Giovana

 

  Corría el año 1990, en Argentina, Giovana descendiente directa de italianos, pasaba uno de los peores momentos de su vida, sin trabajo, sin un mango y para completarla su madre enferma y vieja.; una amiga la llevó a ver una vidente y ésta le dijo que pronto viajaría a Europa, ¡qué ridículo!, pensó Giovana, justo yo. Su padre había estado en la guerra y por lo tanto, pensó que a su madre le correspondía una pensión, por esos trámites se comunicó con sus tías Antonieta y Doménica, las que se mostraron muy interesadas en conocerla, así empezó a soñar con el viaje, al poco tiempo falleció su madre, ya no había nada que la retuviera en Argentina.

  Las tías le mandaron el pasaje y un dinerillo, que con el cambio resultó una miseria.

  Así fue que en 1991 llegó a Verona, Veneto, con dos mangos, que no le alcanzaron ni para un taxi; cuando las tías la vieron, quedaron sorprendidas con el parecido que Giovana tenía con su abuela paterna, sobre todo la mirada, con razón cuando nació, su padre dijo: tiene los ojos de la mama y le puso su nombre. Allí pasó diez días y luego otros diez de lava platos en la tractoria de su primo Nerio Nomi; de allí pasó a cuidar una dulce anciana, llamada Rafaella, pero esto le duró sólo un mes, pues se la llevaron sus hijas.

  La revista  “ La familia cristiana” con ofertas de trabajo, la ubicó en Udine Friulli, para cuidar un anciano hemipléjico , que era de Cortina D´Ampezzo, muy culto y buena persona, sabía cinco idiomas: alemán, inglés, francés y dialetos ampezzanos, de los  que Giovana aprendió bastante; solían pasear por Austria, o ir a Tirol a merendar con exquisitas tortas artesanales.

Allí pasó tres años y medio, hasta que el anciano falleció.

  Pasó luego a cuidar una dama con mal de Alzehimer, María, esos fueron seis años terribles,

Giovana se enfermó y tuvo que dejar ese trabajo.

  A todo esto Giovana ya estaba en edad de jubilarse, y consiguió su jubilación, gracias a eso pudo alquilar un departamento en San Remo, Imperia, y siguió cuidando ancianos y enfermos, pero en forma espaciada.

  Hasta que la nostalgia la invadió, y decidió volver a su pueblo, donde estaban todos sus afectos, su familia, sus amigos…

  Habían pasado dieciocho años, algunos ya no estaban, pero había tantos que la recordaban y la saludaban por las calles, ¡Qué alegría estar de vuelta! Si fue hermosa la aventura de irse a Italia, mucho más lo era estar de vuelta, por ahora, nunca se sabe cuánto aguantará su espíritu de nómade, sin salir a trotar por el mundo.

  Tal vez de Italia, de allí, de la Liguria la llamen sus ancestros, o el alma de su abuela paterna que anida en su cuerpo, tal vez extrañe el suelo natal y ansíe volver, tal vez…

 

 

 

Memorias de una niña

  Centenario, verano de 1948.

Las calles de tierra están más polvorientas que nunca, el calor es sofocante, pero fuimos con gusto a lo de la tía Eloisa con mamá, aprovechando que mi hermanita duerme, es ahí nomás pasando el puente de la farmacia Fittipaldi,  oí que mamá le decía a la tía, que mi hermana se salvó gracias al doctor Burd, que venía en pleno invierno, a las cuatro de la mañana, a ponerle la inyección; por suerte lo tenemos, sino mirá la abuela, si no fuera por la Margarita Rapi que viene a cualquier hora a inyectarla, cierto, dijo mamá, yo salí al patio y veo la abuela Dolores tejiendo bajo el parral, se puso contenta de verme, y me regaló una caja de zapatos, llena de ovillitos de lana, como huevitos de todos colores, dijo que los había guardado para mí, ¡qué tesoro me dio! Esos fueron mis primeros tejidos, el abrigo de mis muñecas y mis recuerdos más queridos.

  De  regreso  mamá me compró unos caramelos en el bar de Benítez, que atendía la tía Trini, ¿qué aparato es ese que hay frente del bar?  Pregunté, es un surtidor, dijo mamá, ¿y para qué sirve?, para ponerle nafta a los autos, ¿qué es un auto? Un carro con motor, ¿y no precisa caballos, como el camión de papá y el de tío Valentín? Eso dijo, mamá, papá dice que esos camiones sobraron de la guerra, ¿por qué hay guerra?  Porque hay gente envidiosa y egoísta  que le quiere quitar las tierras a otros, como a los indios de acá, los indios son buenos, ¿te acordás cuando el tío agarró un peludo y se lo di al cacique Pañalef, en una lata y él me dio un paquete grande de caramelos? Si, a mi me gustan los caballos, como el del lechero Don Esterling, Don Rebolledo, que trae la carne, Gunzelman  el sodero y toda la gente que viene al pueblo con la chata de caballos, los vi en lo de Corbera, cuando cargaban las bolsas de harina, maíz y otras cosas y escuché que algunos no pagan con plata, traen pollos, huevos leche, verduras y frutas.

  Cuando pasamos por la iglesia mamá se hizo la señal de la cruz y yo también, está nuevita, ¡ qué linda! Dijo mamá que la hicieron entre todos, ¿y quién vive en ella? Por ahora Dios pero es de todos, y viene el cura de Neuquén los domingos, algún día tendremos un sacerdote en el pueblo, pasaron cuarenta años y llegó el padre Stábile.

  Llegamos a casa, el Zambo dormía en la viruta de la carpintería, pero en eso pasó el juez De Vequi en la moto, y salió el perro a correrlo, como siempre, hasta que un día amaneció muerto, envenenado; Filomena estaba lavando en el patio, la tía Teresa cosiendo en la galería y Carmen haciendo brasas para la plancha, mientras leía la Radiolandia, todavía no hirvieron la leche, protestó mamá, se lo pasan pensando en la ropa para los bailes de carnaval,; yo seguí con mi repostería de barro, adornando con hojitas y piedritas mis tortas,  ¡quedaron preciosas!

  De pronto el gran alboroto: llegó el tío Jorge en su viejo Willy, con los abuelos, para quedarse unos días, por lo visto, se armaron la carpa  debajo del sauce llorón, el abuelo Víctor trajo la guitarra y la abuela Rosa se puso a hacer empanadas, papá encendió el farol; para mi hermana y para mi aquel acontecimiento era una fiesta, y por si fuera poco, la abuela me trajo la cartera y una  caja de lápices de colores, para cuando fuera a la escuela.

  A la noche fuimos al corso, que se hacía en la calle principal, nos sacaron fotos en lo de Ricardo de Bortoli, ¡estuvo buenísimo : el Picho Della Gáspera (el panadero) se disfrazó de bebé y tomaba cerveza en la mamadera, había carrozas que eran jaulas de monos, otros disfrazados de toro y el mejor de todos, Enrique Della Gáspera, de pato Donald, le sacábamos las plumas de la cola y él nos corría parpando.¡ese corso fue inolvidable!

  En 1950 inauguraron el monumento a San Martín, en la plaza, dicen que hace cien años que murió, y que fue el libertador de América; la plaza ya no será un pichanal, ahora se llama plaza General San Martín.

  1951 fue un año muy importante para mi, empecé a ir a la escuela, son dos piezas de adobes, se llama 109 y mi maestra Angélica Salazar, la escuela es chiquita pero muy linda y la queremos mucho porque es nuestra escuela, y está la bandera que creó Belgrano, al lado hay muchos hombres trabajando, están haciendo una escuela muy grande de ladrillos.

  Hay gran revuelo en el pueblo, el diecisiete de agosto (justo el centenario de la muerte de San Martín )llegó un señor que se llama Juan Da Ros (Nani)  es amigo de papá y el diecisiete de octubre empezaron a hacer las instalaciones eléctricas.

  Papá compró una radio y una plancha ,  pusieron luz en todas las piezas y  alumbraron las calles del pueblo. ¡Fue un espectáculo increíble!, esto es el progreso, dijo papá.

Después pasaron muchas cosas más, pero aquel acontecimiento fue un cambio en el modo de vida, ahora nos parece lo más normal las comodidades y nada nos causa aquel asombro de ver convertirse el desierto en ciudad: hoy un sueño hecho realidad.

Tesoros guardados en la memoria de mi niñez, que son parte de la historia de mi pueblo.

 

Nélida Laurent

elateneonelidalaurent@hotmail.com

 
 
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