Nélida Laurent 
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Selección de cuentos 

 

 

La dama y el San Bernardo

Saray estaba radiante de felicidad aquel día de 1998, su hermana Jésica le había traído de regalo de cumpleaños un dulce cachorro de San Bernardo; toda la familia estaba embobada con el bebé, cualquier cosa que intentara con su tremendo cuerpo torpe y delicado, era una gracia que todos festejaban.

Ona, que así lo llamaron, fue siempre el centro de atención, no sólo de la familia,

si no también de vecinos y transeúntes.

Para Saray siempre fue un compañero incondicional, que la acompañó en alegrías

y también la reconfortó en sus momentos de tristeza, con su mirada profunda y cálida, que podía expresar mucho más que las mejores palabras que pudieran decirle cualquier voz humana.

Las noches de verano solían pasearse por la plaza cercana, bastaba ver a Ona y uno ya sabía que por allí cerca estaba Saray, eran la simbiosis perfecta de persona y animal; ésta inmensa mascota, pesaría sus cien kilos, pero nadie le temía, pues era la dulzura caminando, como si para él se hubiera escrito la frase:

“El mejor amigo del hombre”

Pero todo tiene un ciclo en esta vida y un día los vecinos vieron a Saray sola, pensando que estaría en la casa, todos preguntaban por Ona, Saray con lágrimas en los ojos, les tuvo que explicar, uno por uno, que Ona se había ido para siempre en noviembre de 2011, ya tenía trece años y los perros grandes no viven más que eso, decía; la noticia nos llenó de congoja, parece mentira no verlo con ella.

Quedaran en nuestro recuerdo sus ojos mansos y su andar cansino por las veredas de la plaza.

Pasaron los meses y un día apareció una nena, que vivía a pocas cuadras de la casa de Saray, con un hermoso cachorro de San Bernardo y se lo entregó diciendo:

me dijo mi mamá que se lo traiga a usted, es un nieto de Ona, se lo debíamos de antes, pero este es el momento que usted lo necesita, a Saray se le iluminó la cara al ver al cachorro; y el ciclo de la vida empezó de nuevo.

 

El grano de arroz azul

  ¿Cuánto lugar ocupan unos ojos color turquesa en el corazón de Papá Noel?

Al principio fue un punto como la cabeza de un alfiler, o como el agujerito que le dejó esa mirada azul.

  Después que lo tocó la mano del Ángel, el punto empezó a darle aguijonazos al gordo; con cada mirada el punto iba ganando terreno, empujando las amapolas naranjas que ocupaban sus hijas, y los globos amarillos que inflaban sus nietas;

cerca de un jardín vacío, al que estaba prohibido entrar, porque era de una Blanca Azucena, se acurrucó en una pequeña mata de ilusiones, junto al

árbol de la esperanza y se infló suavemente hasta tomar el tamaño de un grano de arroz azul, no le gustó mucho su incómoda posición de extraño huésped, pero era el único espacio que había y no quería perderlo por chico que fuera; al principio se sintió disgustado, ¿por qué, habiendo tantos corazones enteros y vacios, tenía que ocupar ese que estaba tan lleno?... con el tiempo empezó a entender que un grano de arroz azul no se mete donde quiere, sino donde Dios dice que lo necesitan; así se conformó y siguió muy pancho en el corazón del gordo, que después de todo era muy calentito y dulce, total, pensó: el tiempo es justiciero y pone siempre todo en su lugar.

  Y un día el gordo se fue de vacaciones con sus hijas, en la noche sintió un dolor justo en el centro del pecho, y se dio cuenta que el arroz azul se le estaba hinchando, ya lo notó como un garbanzo, después como un poroto, como una aceituna, y le seguía doliendo; a la mañana siguiente se fue al mar, y sintió una fuerte puntada, se dio cuenta que el arroz azul se le había reventado y una lágrima azul cayó sobre la panza blanca del gordo y rodó hasta el mar y creció y creció…La marea empezó a subir en contra del horario, y el gordo dejó que el agua de arroz azul se le subiera tibiamente por los pies.

  Se secó sobre una roca y vio que sus uñas estaban azules, miró el mar azul y vio los ojos turquesa, el cielo azul y vio los ojos turquesa, entonces comprendió que no podía escapar, el grano de arroz azul lo había invadido, estaba rodeado,

no tenía escapatoria, tomó el celular y sólo dijo: Te amo.

 

 

Delito justificado

  Se largó la lluvia, ya se notaba que se venía, dijo el Rata y le hizo un gesto de malicia al Cacho, Marga presintió sus intenciones, trató de disimular y siguió con la carpetita a crochet que estaba tejiendo; ¿dónde se habrá metido la Pocha?

Pensó, y como si la hubiera atraído con la mente entró la Pocha, espamentosa,

Como siempre, ¿saben? Dijo, asaltaron al dueño de la fábrica, parece que llevaba bastante guita. ¿lo lastimaron? Preguntó Marga, no, no le pasó nada, ha pobre,

menos mal, dijo Marga aliviada.

  En eso entró el Rengo, ¿dónde andabas?, por ahí… vamos a dar una vuelta, le dijo a Marga, ella asintió y vio que él disimuladamente se guardaba la foto de la madre y la estampita de Ceferino; pensó en un instante: el collar que él le había regalado lo tenía puesto ( no se lo sacaba ni para dormir) Se puso los aros, que eran recuerdo de su abuela, y con toda naturalidad salieron, ¿dónde van, con esta lluvia? Les dijo la Pocha, a dar una vuelta, ¡no escucharon!

  Bastó una mirada entre ellos para ponerse de acuerdo, el Rengo de pasada, sacó su bolso de pintor, del hueco en que lo dejaba siempre, caminaron hasta la estación, el sacó dos pasajes, ¿adónde? Dijo ella, acá nomás, a dos horas.

  Vas a ver que barrio lindo; ¿ te conté que estuve con el tano?, tiene un pizzería y precisa un mozo, justo cerca de donde vamos a vivir, vi  una casita que te va a encantar, el hombre la vende porque se quedó solo.

  El tren se detuvo; dormiremos en esa pensión por esta noche.

¿Sus datos? Aldo Ferreira, ¿y la señorita? Margarita Fernández.

¿cuánto se quedan?  Por esta noche, mañana seremos vecinos.

  Ya en la pieza, él le dijo, vamos a ir a Mendoza, quiero que te opere de la vista ese doctor famoso.

  A la mañana siguiente el sol alumbró con todas sus fuerzas la casita

que Margarita había soñado.

 

 

Sin remedio

  Pepe hacía días que no tomaba las pastillas para los trastornos mentales,

que le había recetado su psiquiatra y tan bien le hacían.

  Pepe era un tipo tranquilo y bueno, más bueno que el pan, recorrió farmacias, con la receta, pero no hubo caso, que el médico no había puesto la fecha,

que se había olvidado de pagar la mutual, el caso es que la última pastilla la partió en ocho, para que le dure, pero al fin pasó lo inevitable: se quedó sin el remedio, ya no dormía casi nada, todo le molestaba, patiaba el gato, retaba a su perra al primer ladrido, pero la peor parte se la llevaba María: era objeto de malos tratos y palabrotas; la pobre hizo lo que pudo, hasta llamó a la clínica para hablar con el médico, la secretaria ( que también había cambiado) le dijo: disculpe señora, el doctor López está de vacaciones y yo no puedo solucionar su problema.

  Y así fue como una noche, Pepe perdió el control y medio dormido, trató de ahorcar a María, ella hacía días que le tenía un poco de miedo, pero lo quería y no lo iba a dejar por una pavada, pensaba que pronto conseguiría el medicamento y las cosas se iban a solucionar, ¡pero no! Vio que la cosa venía mal y empezó a gritar, los vecinos llamaron la policía, que llegó justo cuando María estaba desmayada en el piso, llévenselo dijo por Pepe, mientras llamaba la ambulancia, el sargento Paso, ( si él, Juan Paso, el que María había rechazado por su mal  carácter y la odiaba)  y ella allí inconsciente  y a su merced, esta oportunidad no se le presentaría dos veces, pensó Juan y envolviendo su mano con un pañuelo tomó un cuchillo de la cocina y sin pensarlo lo clavó en el pecho de María, pero la  perra, que estaba atenta lo mordió en el tobillo y el cuchillo erró el blanco , rozando el brazo de María, Juan estaba por darle la segunda puñalada, cuando sonó la sirena de la ambulancia, se apresuró a esconder el cuchillo y con el pañuelo manchado ató su tobillo, al fin su sangre y la de María se habían mezclado, como él quería; para su mente perversa, todo estaba perfecto: mandaría a la cárcel a Pepe y María llegaría muerta al hospital.

¡ Pero no! Se equivocó, María llegó débil, pero muy lúcida; pidió hablar con su amigo el comisario Arroquy; cuando fueron a hacer el allanamiento en la casa de Pepe, el comisario fue directamente al estante en que estaba el cuchillo, Juan fue esposado y Pepe liberado. La perra y la rapidez de la ambulancia le habían salvado la vida  a María, y Pepe consiguió al fin su remedio.

 

 

 

A las cinco de la tarde

Cine: inspirado en el poema de Federico García Lorca “A las cinco de la tarde”

Resumen: la odisea de una familia iraní, durante y después de la guerra con Estados Unidos.

Desde la visión de la protagonista, Nogreh, una afganistana de 25 años, con aspiración a ser presidenta de su país, desde el analfabetismo y la discriminación de la mujer iraní, vista como ganado o propiedad de sus padres o esposos.

  Comienza la toma con Nogreh en misa, al salir, se calza sus tacones blancos, pone las alpargatas en el morral, levanta su velo, abre su sombrilla, baja las escaleras como una princesa, se dirige a la escuela; una directora sargentona la reta por no usar el uniforme, ella responde que su padre no le permite estudiar y no puede contradecirlo; las alumnas son consultadas por sus vocaciones, como cien quieren ser médicas, otras tantas maestras, cuando preguntan: ¿ quién quiere ser presidenta? Sólo tres levantan la mano, ante las burlas de las otras: una flaca discutidora y gritona, una dulce niña gordita, de anteojos, ( que luego muere al pisar una mina) y Nogreh, la directora les dijo: preparen sus discursos y seleccionaremos a cuál de las tres le daremos la oportunidad de prepararse.

  Al volver a su pueblo, destruido, en ruinas y miserias, Nogreh se encuentra con una caravana de gente que van buscando refugio, a todos les pregunta: ¿quién es nuestro presidente, hombre o mujer? Nadie puede responder su pregunta. Allí comienza su amistad con el poeta, que viene con su bicicleta, su madre, y unos bultos con lo poco que les queda de sus hogares destruidos, el poeta se interesa en ayudarla, y trata de dar respuesta al interrogante de la joven. Llegan a su pueblo y Nogreh les dice: Si quieren compartir nuestra miseria, quédense, son una multitud, muertos de hambre, de frío y necesitados de todo, igual que ellos, Cocó, el padre de Nogreh, decide llevar su hija, su nuera Leífoma y su pequeño nieto a vivir en un avión destrozado y dar su casa a los necesitados.

  El bebé está enfermo, su madre ya no tiene leche, por falta de alimento y su única gallina no ha puesto un huevo para darle a su bebé, no sabe nada de su esposo, un viejo amigo le dice al padre: tu hijo ha muerto, Cocó con gran pena habla con su caballo, Nogreh lo escucha, ninguno se atreve a darle la penosa noticia a Leífoma.

  Nogreh sigue yendo a misa y a la escuela, su amigo el poeta la acompaña y van armando la campaña política. Él dice: ¿ qué puesto me darás, cuando seas presidenta?- chofer-

no tienes algo mejor? Cuando sea presidenta elige tu. Nogreh busca agua para los caballos, en palacios abandonados, de allí la ve bajar un soldado francés: Gérome, y ella en mal inglés trata de conversar, viene en su ayuda el poeta y Nogreh pregunta: ¿quién es tu presidente? Lleréa (hombre). El poeta le recita el poema “A las cinco de la tarde” entre el ganado.

El padre muy apenado decide marchar a Kandah , con sus animales, sus pertenenncias, su hija, su nuera y su nieto enfermo, en el camino, de hambre y de sed, muere el caballo, el ganado y el bebé; el abuelo dice: no llores Leífoma, el bebé duerme,  después de caminar tres días por el desierto, con el bebé muerto, el abuelo hace un pozo con una piedra, lo envuelve en su abrigo y dice: Dios, te devuelvo lo que me regalaste. Siguen la marcha. Se pierden tras una loma, mientras Nogreh recita el poema: “A las cinco de la tarde”.  

 

Nélida Laurent

elateneonelidalaurent@hotmail.com

 
 
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