Nélida Laurent 
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Selección de cuentos  

 

 

El remordimiento

 

  La reunión de literatura había terminado, sólo quedaban dos contertulios, que no parecían tener ningún interés en retirarse, intuí que algo se traían entre manos, mi curiosidad iba en aumento, mientras hablaban de cualquier cosa, como esperando que mi hija se retirara con las tazas que estaba juntando; como ella se demoraba a propósito para escuchar lo que al parecer era un secreto, sabiendo de su alergia, encendieron ambos cigarrillos, mala idea tuvieron, pues fueron desalojados de inmediato, ya en la vereda, se reunieron con otros tres, que trataban de disimular su identidad; de pronto reconocí sus voces: eran nada menos que la banda de delincuentes que me estafaron con un auto robado, en persona, el jefe: Carlos, según se hacía llamar, ( vaya a saber cuál sería su nombre real)  El Beto y Cristian (con la cabeza rapada y tatuajes en sus brazos de cerdo)

Alcancé a comprender que algo cuchicheaban entre ellos, ¿ qué les pasa a ustedes, en qué tranfugada andan ? Les dije, sin tapujos, estamos apurados , tenemos que ver un cliente, pobre tipo, dije; nos manda el Turco, dice que el Rengo está operado, nada bueno, de los pulmones, ¿y yo qué? Vos sabrás y antes que les contestara se esfumaron como fantasmas.¡ Má si! Pensé y seguí limpiando.

  Juan, el Rengo era Juan, a Mariana se le ponían los pelos de punta cada vez que oía ese nombre, hijo del demonio, pensó, masticando una por una las que le había hecho, que tengo que ir a verlo, pensó, pasaron los días y se olvidó del tema

  Pero una mañana la noticia conmocionó al barrio: Juan había muerto.

Cuando llegaron los familiares al velatorio, vieron una figura que salía por la puerta de atrás y sobre el ataúd una rosa mojada con lágrimas, de la que salieron unas alas blancas, y una paloma se elevó, ante el asombro de todos, dicen que fue el alma de Juan, que recién allí pudo encontrar la paz de su espíritu introvertido.

 

El ángel

 

  Renata tenía todas las noches un sueño recurrente:

Paseaba por un bosque hermoso, entre flores y pájaros, cantando y bailando, cuando llegaba a una fuente, emergía del agua un niño bellísimo, con rizos de oro y ojos color turquesa; Renata se acercaba a él lentamente, con la esperanza de tocarlo, cuando estaba a pocos pasos el niño le decía: soy Ángel y desaparecía, sin que el agua hiciera siquiera un movimiento, como si se esfumara.

  Todas las mañanas se despertaba pensando en el Ángel, inevitablemente.

De su barrio, que era bastante pobre, Renata tomaba un colectivo para ir a su trabajo en el centro; en el verano trabajaba en una heladería y en invierno despachaba combustible en una estación de servicio.

  Esa primavera tenía una semana, entre uno y otro trabajo y decidió ir caminando a la ciudad, para hacer un poco de ejercicio, tomó el camino del colectivo, pero pronto se tentó con un sendero rodeado de árboles floridos.

  De pronto se encontró ante la fuente de sus sueños, emocionada pensó que encontraría al niño, en eso estaba cuando apareció un linyera y le suplicó algo de comer, sin pensarlo sacó unos sándwiches, que llevaba en su bolso y se los dio al anciano, ¿cómo te llamas? Preguntó Renata y el anciano, mientras los devoraba, mirándola con sus ojos azules le dijo: hace tiempo que te esperaba,

mi nombre es Ángel.

 

 

 

Laberintos del alma  

 

Era una hermosa mañana de octubre, aún estaba obscuro, Ismena y Pol  dormían plácidos en su cabaña cerca del río, antes que el gallo del vecino anunciara el día, Pol  despertó violentamente en uno de sus ataques de celos y ejerció una terrible violencia psicológica sobre la angustiada Ismena, agotada tomó algunos efectos personales y subió a la balsa, Pol  de un machetazo cortó la soga de la amarra y quedó vociferando en la orilla; Ismena se acurrucó  en su abrigo y mirando las primeras luces azules del alba se quedó profundamente dormida, navegando a la deriva, despertó con el sol alto sin saber donde estaba, nunca había llegado hasta ese lugar, si eso podía llamarse un barrio, o qué ? había unas pocas casas que parecían deshabitadas, o sus dueños estarían durmiendo la siesta de La bella durmiente, caminó entre los árboles buscando alguna fruta para desayunar, y de pronto sintió una mano sobre el hombro, era un gigante con cara de bueno, sonrisa de Papá Noel y brazos cortos, soy Herk, le dijo y con voz muy dulce le cantó:”Mi noche triste”, vos debes ser el reemplazo que me prometieron, dijo Herk, no, no, vos estás confundido, a mí no me mandó nadie, me quedé dormida y no sé cómo llegué hasta aquí, y se sentaron a conversar a la orilla del río,tan entretenidos que empezó a obscurecer, debo irme, dijo Ismena, dónde irás? Tu balsa se ha ido, y no podrías ir contra la corriente, quédate en mi castillo, no, no puedo debo irme, no irás a ningún lado, porque yo te necesito de noche y de día te guardaré en un cajón en el sótano, para que los vecinos no te vean. Iremos de picnic los domingos ? no, los domingos los paso con mis hijas, pero podemos salir otro día, ah… y bueno podemos ir al mar en el verano, no, justamente al mar voy con mis hijas, bueno, pero pasaremos navidad y año nuevo juntos, no, esas son reuniones de familia y tengo que pasarlas con ellas. Y así pasaron los años, Ismena se acostumbró al cajón del sótano, pero no se sentía feliz, un verano mientras Herk se bronceaba en el mar con sus hijas, Ismena pensó: ¡Qué chico es mi mundo! Se  atrevió a abrir el cajón, se fue a la placita , bebió agua de la fuente y  mientras la saboreaba sintió que todo giraba: la plaza daba vueltas y aparecían calles nuevas, de pronto se detuvo, pero ya estaba totalmente desorientada, miró su reloj digital: era hora de volver al cajón, pero no encontró la calle, buscó a Luz Clara en facebook. con su netbook, pero estaba en misa; le preguntó a un chico que pasó en patineta: cómo se llama esta plaza? ¡ Libertad ! gritó el chico, y una anciana , que paseaba su caniche Toy, le dijo: Tenga cuidado, puede tomar la calle equivocada y después no podrá volver nunca más, estaba en una encrucijada y no se atrevía a tomar decisiones, Luz Clara le había dicho que Pol estaba con la bruja Jezabel,

¿Qué podía hacer? Tomó el celular y lo llamó de todos modos, Pol ? no quería molestarte, pero estoy perdida en el tiempo, por favor ayúdame, escucha: Pon tu reloj en cero, gracias, fue como un milagro: su cara se iluminó con una sonrisa y su cuerpo comenzó a flotar sobre los árboles, junto a las palomas, de pronto reconoció la iglesia, el banco, y allí nomás al alcance de sus ojos: su casa, su amado hogar, iluminado a todo color, entró en la galería de los cuadros y reconoció con asombro todos los lugares por los que estuvo perdida en los laberintos del tiempo y se puso a escribir este cuento…

 

 

Laberintos del alma

 

Laberinto infinito

de angustias y soledades

oasis de mis amores

que fueron sólo espejismos.

 

Alma llena de dolores

siempre al borde del abismo

corazón sangrando

con las alas rotas.

 

Deambulando siempre

otra vez perdida

vuelvo irremediable

al punto de partida.

 

Sedientos de amor

Transitamos por la vida

Siguiendo espejismos…

Perdidos en los laberintos

Del alma

 

Nélida Laurent

elateneonelidalaurent@hotmail.com

 

 
 
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