Dos poemas...
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Paúl Marcelo Velásquez Sabogal

 

Tendido, y como destruido por un segundo

mis hombros se desvanecen en la ventana

y explico que son las campanas las que me duermen,

y la cera que pasiva alimenta mi piel congelada.

 

La lluvia empieza a reír en el vidrio,

como un idiota que se refleja en su propia baba.

Me saluda, y pregunta inútilmente:

¿Qué hay de tí?, ¿Qué hay de las palabras celebradas prematuramente?

 

Yo por mi parte me alejo. Evito esa voz.

 

Vacuos tiempos se colan en mis dientes,

y hablan a deshoras de mi pasado.

Ligero, a toda marcha. Alcanzarme.

Ah¡ es posible que no lo entienda aún...

 

Mis tiempos se levantan y giran,

en torno de sus risas mis huesos,

mis restantes...

Estoy Yo, desaparecido y presente,

preguntándome constantemente

si todo está bien?...

20/Mayo/2012

 

 

 

a Ana Milena

 

Me gustan esos olores a noche, a sueño,

que saben a verte por la tarde

tendida en el viento jugando

una perfecta partida de ajedrez.

 

Me gustan los olores que la gente

otorga a mi rostro superfluo,

como amamantando mis sentidos y a las hojas

que caen balanceando sus verdes culos en mis hombros.

 

Me gustan los rizos que se desmayan en tu frente,

y babean todo el sudor maloliente de tu cuerpecito...

tu nariz a mediohacer, y tus ropas todas manoceadas.

 

Los insomnios se levantan y gatean

como una mañana rojiza con bostezos gigantes,

y tú, suave y con la boca fétida,

te vas de mi cama, como aquel

insomnio frágil y amoratado

al lado del cosmos acuático

de mi memoria nocturna...

 

18/Mayo/2012

 

 

 

Paúl Marcelo Velásquez Sabogal

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