Susurros del Alma

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Paúl Marcelo Velásquez Sabogal

 

Todo se escurre,
como mi vida escurre entre mis manos,
las palabras de mi boca,
y mis ojos de su prisión.

Todo fluye al vacío,
como el viento a mis pulmones,
y mis trazos al papel.
Todo fluye rápido, a veces lento, al vacío.

Nada quiere caminar hoy entre la luz de las nubes,
entre el silencio que hoy las habita,
como si aquel silencio naciera de mi boca...
que hierbe en el viento.

Nada quiere ser recordado hoy, entre la lluvia
y la neblina que alzan su presencia en el asfalto.
como si aquel asfalto muriera sofocado
por un recuerdo ya lejano.

Escucho, ahora, tantos susurros que llegan
perdidos a mis oídos, escucho, ahora,
de tantas vidas, sus desgracias que mueren
en un trágico grito, y retumban
en mi mente como queriendo escapar.

Soy como la nada, que no habla, que no nace,
que tanto guarda, que tanto calla y oculta.
Soy como la nada, que llega a todo lugar,
a todo sueño, a toda esperanza.
Soy como la nada, cuyo recuerdo es eterno.

Dos penas trazan una ruta en el firmamento,  
dos penas que tantas historias guardan,
y, entonces, diviso infinitas estrellas
en las paredes, que hoy escurren y desvanecen
sus oscuros colores.

Soy como la lluvia, que su presencia es libre.
Soy como la lluvia, que con su voz hace llorar,
y hundir en lamentos a las mismas nubes.

Creo mucas veces, ver llegar la agonía
disfrazada en palabras, creo muchas veces,
ver llegar mis palabras y sentirme herido.
Que hoy veo mi hora más tenebrosa junto a mí.

Soy como un ave inconsolable,
que vuela sin rumbo, sin destino.
Pero sus alas nunca desvanecen.

¿Que soy como la nada? sí, inmenso y eterno.
¿Que soy como la lluvia? sí, que es libre
en éste mundo inventado.

Soy como un ave, que en tantas nubes ha soñado.

 



 

Paúl Marcelo Velásquez Sabogal

 
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