Las Capitales historicas y

¿Cuán iluso es sospechar una Constantinopla Andina?

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…Y el hombre

creó a la gran historia

del hombre

cuando Atenas vence la eternidad de la noche

¡Sí!,

Atenas da la gran luz

al dar la madre ciencia

y la divina mariposa

de belleza transposicional.

…De otro curso…,

Jerusalén abrazó como serpiente acuarelina

a todos los nimbos de atardeceres fugaces

que atravesaron

por los despiadados y egoístas desiertos sin reloj.

más tarde,

Roma

imitó a las estatuas avasallando al dolor,

y quiso ser niño loco

conduciendo interminables cuadrigas

de encabritadas estrellas de creación.

…Europa nos trajo otro gran sol

cuando Constantinopla avanza

en suma consideración

logrando por conversión

 innecesaria a las cadenas de la humillación.

Definitivamente

Florencia reinventó al auténtico hombre

mientras que su hijo predilecto,

Galileo, le extrajo al mismísimo cosmos

a su celoso corazón.

…Ya nada fue igual,

el siglo XX abrió las puertas

a la dimensión ilimitada

y Nueva York,

desplazó a todos los ejes,

creando un continente de industrial involucración

como si el mundo

ahora cupiera en nuestras mismísimas manos.

Sudamérica:

¿Dónde buscaremos tu Atenas?,

¿Dónde hallaremos tu Jerusalén?,

¿Dónde palparemos tu Florencia?.

¿Acaso permanecerás por siempre inmóvil?,

¿Acaso nunca tendrás la “ilusa hora

de cruzar los limites?

-Desde tu cuna sabes ya

que la historia es el erizo de acero

que borra tu poca sonrisa

con el duro lenguaje

de absoluta concreción-.

…¿Será acaso que el peso agotador del todo

ya definió a tu raza

y tu frágil alma

nunca se vaciará como un pozo

hacia los mágicos brotes

de las maravillosas posibilidades?.

…¿Será acaso que el peso agotador del todo

no permitirá nunca manifestarse

a la vastedad del tu continente?

Y el viento deberá olvidar

su misión transportadora

porque nunca rugirá

el verdor del Amazona

y nunca bailará

el sol del Atacama

y nunca se hará fértil

el frío Patagónico

y las imperecederas montañas de los Andes

nunca frenéticas agitaran

a sus blancos sombreros

porque nunca,

cual pestañar guitarrero,

se abrirán las puertas

de la culmine realización.

Y tus brazos

quedaran por siempre vacíos

al no henchirse,

aun más que por un hijo,

por la concepción

de tu Capital eje:

Incápolis:

incrustación profunda

de tu señera meta

que porfiadamente

respira cual eco

en tu espíritu inconcluso,

sin lograr el fino mosaico civilizador.

 

Iván Lorenzini Maass

 
 
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