Recuperacion de Empresas ... 
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Cynthia Srnec

Apuntes sobre la recuperación de empresas por sus trabajadores y el movimiento cooperativo argentino

 

Si bien existieron recuperaciones de empresas por los trabajadores anteriormente a la década del 2000, es a partir de 2001  y hasta el 2004 cuando se registró la mayor proporción de recuperaciones. Con la recuperación de empresas no sólo se recuperan puestos de trabajo, también se recuperan saberes, identidades y cultura.

El proceso de recuperación es complejo y heterogéneo, conlleva dimensiones materiales y simbólicas, colectivas e individuales. Cabe destacar que al recuperar una empresa los trabajadores se hacen responsables de la gestión y organización comercial, administrativa, legal, de las relaciones públicas y de la producción de bienes y servicios. De esta manera se revierte el ciclo de expropiación del saber obrero inaugurado con el taylorismo en el siglo XIX. Desde mediados del siglo XX con los orígenes del toyotismo el saber obrero fue resucitado en la gran empresa. Se inició un proceso de estimulación de los saberes, implicando la subjetividad obrera en todo el proceso de producción (incluidos el diseño, control de stock, mantenimiento, control de ritmos y disciplina).

Las empresas recuperadas entre 2001 y 2004 se encontraban mayormente cerradas por sus dueños, muchas con declaración de quiebra, otras mantenían una mínima producción que implicaba mano de obra ociosa, pero la mayoría de sus trabajadores no estaba cobrando sus sueldos debidamente, muchos habían sido despedidos y varios presenciaron el vaciamiento de los establecimientos. La ocupación y toma de los establecimientos productivos por parte de los trabajadores y sus familias, aparece como una de las tantas formas de resistencia ante la crisis política, social y económica que acuciaba a gran parte de la población argentina.

Antes las deudas de salarios y aportes, en un contexto de alto desempleo, fue adquiriendo mayor énfasis la posibilidad de seguir trabajando que la de cobrar los sueldos atrasados. Tomar la fábrica es una estrategia para no quedarse sin trabajo. No solo se toman los medios de producción sino que se toma, además, conciencia de que se puede producir por sí solos. La subjetividad produce realidad, los trabajadores se apropian de su trabajo “afirmando su potencia como colectivo social”[1].

El éxito de esta empresa colectiva que entraña resistir la ocupación, reorganizar la producción, sortear las dificultades legales, entre otros, depende de no aislarse. Muchas empresas buscan y obtienen el apoyo económico, social y político de sus vecinos, de otras empresas recuperadas, de partidos políticos, de movimientos de trabajadores desocupados, de derechos humanos, estudiantiles, entre otros. Por tanto, se observa como afortunadamente en reiterados casos estas empresas se transforman en un espacio social que crea comunidad[2], al funcionar con asambleas vecinales, centros culturales, grupos de trabajadores desocupados, crear espacios de educación e investigación, etc.

El mayor desafío en la recuperación de un proceso productivo y gerencial colectivo y democrático es el cambio cultural que demanda, los trabajadores se transforman, dejan de ser empleados para ser asociados. De a poco se construye una nueva identidad, nuevos sentidos sobre la propia actividad creadora que es el trabajo, sobre el espacio social, colectivo, de convivencia que es la empresa. Recuperar una empresa involucra

“...bajo un patrón [yo] era una persona, a partir del 2003, del 21 de marzo del 2003 [soy] otra persona. Esto que te diga que soy otra persona no quiere decir que en cinco años capitalicé todo lo que me pasó (...)Porque al no ser militante, solamente trabajador, subordinados a una tarea, de casa al trabajo, del trabajo a casa, toda una serie...Hoy uno es otra persona, porque se ha politizado, porque el mismo proceso...sino no te podes defender. (...) Hay una evolución en los procesos de las empresas recuperadas que tienen que ver con una evolución distinta a la evolución nuestra. A nosotros nos cuesta madurar este proceso.” (M, trabajador de una empresa recuperada)

Considerables testimonios recogidos dan cuenta sobre la dificultad de tomar conciencia del desafío y del cambio. Los trabajadores de empresas recuperadas, por más que se encuentren en funcionamiento y creciendo o en un estado de estancamiento revelan que es necesario y arduo cambiar la conciencia de asalariado a trabajador independiente (de patrón) y responsable de un proyecto colectivo. Son transformaciones que implican un aprendizaje cotidiano.

…cuesta cambiar la conciencia del trabajador (…) hay que enseñar a los compañeros a ser responsables”. (G, trabajador de una empresa recuperada)

“...lo que nos pasa es de que nosotros constantemente estamos reproduciendo figuras patronales. Es como que estamos esperando que aparezca la jefa o el jefe y viste, solo el hecho de verlo y poco más ya le pasás el plumero al tipo, no es que hacés tu laburo. (...) estamos potenciando una persona distinta, con un pensamiento colectivo”. (M, trabajador de una empresa recuperada.)

 

Se ha observado en diversas investigaciones la ausencia de cuadros gerenciales, de trabajadores administrativos y comerciales, mayormente prosiguen la recuperación del trabajo los de producción, mantenimiento y supervisión técnica[3]. Consecuentemente se realizan rotaciones de tareas y un aprendizaje, en general, autónomo de las tareas de contabilidad, administración y ventas. En estas primeras experiencias es importante el apoyo de actores externos a la empresa pero profundamente implicados en su funcionamiento como proveedores y clientes. Los trabajadores intentan recuperar antiguos proveedores y clientes, a pesar de las dificultades encontradas, dado que muchas veces la patronal dejó importantes deudas y otras veces los actores externos desconfían del proyecto colectivo.

Vemos el testimonio de un trabajador-asociado:

“Cuesta mucho...ya te digo nosotros estuvimos casi un año por fuera de lo que es el mercado y volver a insertarse en el mercado cuesta mucho, aparte no estamos bien vistos, nosotros somos como gurkas que tomamos una empresa, y le sacamos la empresa a un empresario, el empresario que nos ve piensa esto. Nosotros con un trabajo de hormiga vamos demostrando que tenemos responsabilidad, que podemos hacer el trabajo que hacia o que hace cualquier otro empresario siendo trabajadores, que administramos la empresa…” (L, trabajador de una empresa recuperada)

Formar una cooperativa de trabajo es una estrategia desarrollada conscientemente con el objetivo de poder reclamar el usufructo o alquiler del establecimiento y máquinas al juzgado que maneja el caso, la expropiación de los bienes de capital, en otras palabras, para obtener seguridad jurídica, el reconocimiento legal de su legítimo derecho a trabajar. La forma legal de organización cooperativa permite establecer un tipo de organización acorde con la lógica de solidaridad que prima y se pretende en las empresas recuperadas.

“...Nosotros somos cooperativa porque es la única ley que cabía para que nosotros podamos seguir funcionando y trabajando…en realidad somos una empresa recuperada” (G, trabajador de una empresa recuperada)

Se remarca que el papel de otros actores de la comunidad,  es crucial en el proceso de recuperación de empresas y su puesta en marcha, un ejemplo de ello es la asistencia legal que proporcionan otras empresas recuperadas, algunos sindicatos y anteriormente los movimientos de empresas y fábricas recuperadas (MNER y MNFRT)

Fortalecer la relación con la comunidad desde las primeras etapas del proceso de recuperación es una estrategia exitosa en varios aspectos, tanto en el hecho de crear lazos colectivos de solidaridad en un contexto de inseguridad de la condición salarial, coadyuvando a recuperar el tejido social que la dictadura de 1976 destruyó como también para contar con apoyo social y político frente a los conflictos con la policía, el juzgado y los políticos. La relación con la comunidad se ha desarrollado en algunas empresas mediante la incorporación de escuelas, centros culturales, medios de comunicación y centros de salud al edificio, asociando como trabajadores a vecinos y miembros desocupados de otras organizaciones, dando apoyo a luchas de otros grupos, colaborando en trabajos comunitarios en el vecindario, etc.

“ …Nosotros le teníamos que dar fuerza al proyecto de ley, entonces el tema de la escuela, el tema del centro salud…” (L, trabajador de una empresa recuperada)

Lamentablemente no se han observado numerosas vinculaciones entre las empresas recuperadas y las políticas estatales implementadas en ese sector a partir del año 2001. De todos modos, hay unas pocas pero significativos experiencias como las escuelas secundarias para adolescentes (programa Deserción Cero) y adultos (programa ADULTOS 2000) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que funcionan dentro de las cooperativas Gráfica Patricios e IMPA y el centro de salud del Hospital Argerich en Gráfica Patricios.

La mayoría de las empresas recuperadas no han recibido subsidios o accedido a créditos para impulsar la producción, muchas se encuentran resistiendo (como gran cantidad de empresas argentinas) pero apoyadas por la comunidad con la cual se han vinculado y co-construido diversos espacios solidarios, educativos y culturales, como también políticos.

Se han desarrollado encuentros y acuerdos entre instituciones gubernamentales y federaciones de cooperativas, pero el movimiento cooperativo no ha logrado fortalecerse como actor y aún lucha por la necesaria nueva ley de cooperativas de trabajo, por el cumplimiento de la educación cooperativa en todo el sistema educativo y otras regulaciones que reconozcan, protejan y fomenten la función social, cultural, ciudadana y económica del cooperativismo y de la economía social.





[1] Carpintero, E. (2002)“Cuando la subjetividad se encuentra con la experiencia produce realidad”, en James Petras et al., Produciendo realidad. Las empresas comunitarias. Buenos Aires:Topia, pp. 103.

[2] Op. cit.

[3] Sancha, J. F. (2001) “Recuperación de fuentes de trabajo a partir de la autogestión de los trabajadores”, en Realidad económica, nº 183, pp 62-75.

 

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