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Guillermo Contreras

Relación sin vínculo

 

               

    La tarde comienza a relajar sus pasos, el aroma del café que pidió se adelanta a saludarlo. Saca del bolsillo el

 celular, marca casi despreocupadamente, acercando al oído, espera.

     – Estoy en el café, en media hora   tengo la reunión,  si podes llámame antes, besos –

        Una vez dejado el mensaje, comenzó a mezclar el azúcar en el café, y pensaba que era raro que ella no le

 contestara, que mala costumbre esa de dejarlo esperando. Tomo el café presuroso, no podía irse tan

 pronto, para la reunión aún faltaba un rato. Prefirió  relajarse y para eso pidió unas medialunas con

 otro cortado.

        Hace tiempo que cuando tiene que quedarse en una reunión prefiere llamar a su casa, ya se hizo una

 necesidad escuchar su vos, es como si no pudiera seguir con sus tareas si no lo hace.

       Cruzó sus ojos con la chica que le traía el pedido, le recordó que aún no lo habían llamado, necesitaba

 saber que le respondían, ya había sido paciente, que fea es la espera.  

        Dío un mordisco a la medialuna y casi no llegó a tragar cuando volvió a marcar. Espero un instante, en

que su cara cambió la expresión, una mueca de desacuerdo dejo verse cual máscara verde incandescente.

      –Que te dejé otro mensaje,  entro a una reunión,  podrías llamarme ¿No? –

         Mientras terminaba su medialuna trató de pensar en la reunión, pero se intercalaban preguntas ¿Porque no me

 atiende, si a esta hora me debería estar esperando?, tengo que pensar para que era la reunión, ¿Le

habrá pasado algo? , ¿ estará hablando por teléfono con otro? , no puedo recordar bien que tenia que

decir en la reunión.

        Cuando la mirada pasaba de la tasa de café vacía a los ojos de la camarera sonó una alarma, era su teléfono.

        En principio sintió una gran alegría, debe ser ella, pero cuando vio que era solo la alarma le volvió la triste

 realidad al cuerpo, era hora de entrar a la reunión y aún no sabía nada de ella.

        Pagó la cuenta, juntó su carpeta, caminó hacia el edificio de al lado donde lo esperaban, al llegar a la puerta

 sacó el celular, lo miró, tubo ganas de tirarlo al medio de la avenida, se contuvo.  Tal vez realmente algo

 grave pasó. No puedo subir a la reunión, no voy a poder hacer mucho si estoy pendiente de esa idea,

 mejor voy a ver que pasó.

        Apuró el paso, entró al estacionamiento, manejó el auto por la autopista. Nunca va por el carril izquierdo,

 pero la urgencia amerita, al llegar al peaje pensó que él era práctico, que mejor hacia otro llamado y así aún

 tenía  tiempo de volver a la reunión, paró a un costado y otra vez marcó, el silencio y dejó otro mensaje.

        La carrera hasta la casa fue descontrolada, al llegar dejó el auto justo frente al edificio a pesar que el portero

 siempre protestaba porque era zona de descarga, subió por las escaleras saltando casi de a tres escalones,

 al llegar  al  segundo  piso  se  dio cuenta   que no había  cerrado el  auto,

       –Bueno, después de ver que pasó  bajo a cerrar, no me lo van a robar por cinco minutos – .

          Llegó a su puerta, los nervios no le permitían embocar la llave, la puerta cedió a su fuerza, entró.

         En el departamento, como siempre, había un silencio con  forma y color, casi podía palparlo. No esperó

 ningún ruido, hace mucho que vivía solo, entró al cuarto donde se veía el reflejo de luz, la vio encendida,

 parecía estar bien, se acercó, extendió sus manos hacia ella y vio que estaba dando un error. Su enojo

 lo llevó, impulsivamente a apagarla, recapacitó y reconoció que era posible que su computadora no

 respondiera por un simple error del sistema. La encendió, y silbando comenzó a bajar las escaleras lentamente

 para  cerrar  el  auto. Mientras  bajaba  sonó su  celular,  leyó    “Querido recibí tu mensaje, que tengas

 una buena reunión”

         Antes de mover el auto al estacionamiento respondió:

          – Querida, suspendí la  reunión  porque  quiero  hacerte una rica cena, estoy abajo ya subo, besos –

 

 

GUI

11 2008   

 

   

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