Los Guaraníes o la Leyenda del Dorado

Mesopotamia Argentina y Paraguay,                   

                                                    hacia mediados del año 1500.                  

         

 

La selva se extendía

con su universo de ríos y canales,

con su territorio inexplorado,

su melodía de pájaro y cururú.

La selva como una gigantesca hembra fecundada,

exuberante y temible,

insinuaba su misterio, su promesa de amor.

Con su vientre poblado de habitantes nocturnos,

de dioses, peligros y acechanzas,

también ofrendaba la esperanza.

Y sus hijos navegaban por los recovecos de su cuerpo verde

en febril peregrinar por senderos acuosos,

ataviados con plumas y amuletos

como aves silvestres.

Las noticias llegaban desde el norte,

el río bajaba cargado de oscuros presagios,

en sus aguas se leía

del oro y la codicia,

de las fauces hambrientas de otros hombres,

del hierro y de la muerte.

La selva los cobijó en los pliegues sinuosos de su cuerpo,

no fue bastante,

y los dioses,

que conocían la acuática naturaleza

de los hombres cantores de la piel dorada,

de los buscadores de la tierra sin mal,

de los adoradores de los Payé del monte,

de los hermanos de los peces y los pájaros.

Y los dioses, más entrometidos de otros tiempos,

les regalaron la metamorfosis de sus cuerpos

de oro.

 

  

Gladys Ines Gribaldo

gribaldogladys@yahoo.com.ar

VOLVER