En la pirámide

         

 

 

Abre la tarde un rojizo cielo

explotó algún sueño como otros días,Mejico

de aquellos que invaden los ojos del mundo.

Las lágrimas de oro, rojizo encendido,

se esconden al caer entre las hojas asombradas

Yo subo a la casa del Dios de los hombres

disfruto la escala, lentamente me elevo.

Hacia arriba, diez minutos de ascenso,

pero desde aquí ya se ve la plaza hasta el fondo

y, a los costados, la selva y su fresco

aroma de monte y jaguar, aroma de flores

Cada escalón me acerca a los dioses,

un corazón comerán esta tarde

corazón joven en busca de gloria.

La plaza de fiesta, hay bailes y juegos

pero en un rato silencio infinito

es sólo un momento

el que comen los dioses,Mexico

y luego

el festejo.

La última gota de oro se escurre

en los ojos nocturnos del jaguar escondido

La última brisa del día se pierde

cruzando la selva, moviendo la vida.

La plaza vacía

un hombre en la cumbre,

el pecho vacío,

muchos dormirán tranquilos esta noche

Yo aquí arriba respiro y digo

“Pasarán los siglos y si saben mirar

al ver esta cumbre verán nuestro rostro

y nuestros corazones serán en las tardes

el sol explotado,  lágrimas doradas

rodando,

cayendo desde la pirámide

hacia la selva verde

somos el hombre que sube a los cielos

y vuelve a ser dios con ojos felinos”

 

  

Guillermo Daniel Contreras

gcontreras@bigfoot.com

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