Tiahuanaco

(Falsa leyenda)

         

 

Relato I

El Sol tenía un hermano, este hermano un día tropezó con un cerro y cayó sobre América. Brillante como era, por herencia familiar, y como un cristal fino se separó en miles de partes por la tierra. Algunos más  grandes son visibles.

El Titicaca, su parte más grande, quedó como espejo del Sol. Y cerca de él su hermano hizo poner la puerta del Sol. Inty entraría por ella para verse en su hermano.

Toda casa tiene su puerta, América tiene la puerta en Tiahuanaco, la Puerta del Sol.


Relato II

Estrellas parpadeantes bajo mi piso, navego al Oeste, noche tranquila,  brillan mil centelleos celestiales que aquí se tocan con la mano. Arriba, si me levanto creo que las tengo; debajo pasan hasta la canoa y ahí se despedazan.

Titicaca mar de las alturas, el espejo que un Dios derramó, en un lugar alto para tenerlo cerca. Navegar una noche por el espejo donde los dioses se miran por la mañana, es como preparar la imagen de los dioses, como ser la imagen de los cielos.

Llegas hasta lo profundo de este mar, donde es difícil divisar la costa y en ese momento sonarán los Sikus en el cielo y quebradas las Cajas de los cerros escuchas el otro silencio que todo lo dice. Abre los brazos y podrás tener entre ellos la Cruz del Sur y el vuelo del Cóndor. Ese es el otro silencio que solo América conoce.

 

 

  

Guillermo Daniel Contreras

gcontreras@bigfoot.com

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