Quisiera hacer un poema con retazos

y echarlos a volar.

Trazar el itinerario de la rosa,

la más desnuda,

que se desangra alucinada sobre la escarcha del patio

 

 

Yendo y Viniendo

                                                        Yendo y viniendo, en idas y vueltas

Mirando el cielo, buscando la casa

                                                        El nido en las nubes, viento que pasa.

                                                                                      León Gieco

                                        

“Camino, camino, algún día llegaré,

a la  casa de un duende que se llama Gaspar...”

¿Falta mucho para llegar?

Ninguna voz responde

¿Falta mucho para llegar?

 

 

En casa de Gaspar se cuentan las historias más bellas de la tierra

¿no lo sabías?

A la hora nona, cuando se aquietan los ruidos de la calle,

cuando el jardín emerge y la brisa exhala otros olores,

a salitre, a barco, a montaña.

El tiempo se detiene o retrocede,

inquietos confabulan los relojes.

El de la sala inaugura el misterio,

 golondrinas negras aletean y sus sombras dibujan las paredes.

Quiero tocarlas.

Imposible, se han marchado

Lejos muy lejos donde la vista no alcanza

Quiero tocarlas...

 

 

 

Desde algún lugar parte un tren

y avanza a tientas gris por la ciudad dormida.

De un lado y otro del espejo

Alicia se sonríe

y deja atrás un universo de ojos asombrados,

de relojes ingenuos que adelantan

más tarde que temprano.

Sigue la marcha,

 primeras luces lluvia de cristales,

calidoscopio es el paisaje de colores estrellados,

de vidrios rotos,

de retazos de soles y de sueños,

de paraísos perdidos y de infancia.

Mundos rojos verdes amarillos

se precipitan sobre la tabula del viaje,

haces multicolores,

mariposas de luz.

Quisiera fijarme aquí...quedar inmóvil,

como una estatua de sal o como un álamo,

no saber que vendrá ni vislumbrarlo.

 

 

 

Ahora la ciudad

se muestra ante los ojos como un paño sucio,

 su inequidad, su rostro más oscuro.

El tren sigue su marcha,

atrás quedaron las colinas el arroyo las montañas,

 hoy un  niño sucio durmiendo en los umbrales,

como un caracol, llevando a cuestas la casa y sus miserias.

El tren sigue avanzando

la ciudad  despierta o casi, vuelan palomas,

dibujan el relato sobre el cielo.  

el mismo cielo que la memoria conserva.

Una estación más,

murmullo, la ciudad que se agita:

-Señor señora ayúdenme soy ciego excombatiente desocupado naufrago estoy perdido...

Estoy perdida,

las nubes grises sin embargo enmudecen el cielo,

y por dos pesos el costurero chino el diccionario la linterna el cortaplumas,

cortacaminos, que llevan sin escala al paraíso al infierno a la salvación

al desarraigo.

 

 

“Imagino la nada... el vacío suspendido...América es solo un sueño, el sueño de un dios que habita las profundidades de las aguas”

                                                           Miguel Ángel Asturias

  

 

                                                            

Crepúsculo,

extraña sensación de la carne

lejanía.

¿Dónde se oculta el sol en tardes apacibles?

Ruido de mar, aletear de gaviota

salitre y vuelo.

Un sol de fuego  que amedrenta el paisaje.

Sueño y pisadas.

Tu mano dulce acariciando la aurora,

(puerta entreabierta en un paisaje de vientos).

Sueño y pisadas.

 

 

La montaña me mira, el día muere.

Silencio.

Hay otros como yo que caminan ajenos

por el paseo de compras

que miro sin ojos fascinados.

Sin rumbo fijo la nostalgia y yo

salimos a pasear  esta tarde.

Nada repite mi nombre.

 

 

Llueve,

sobre la acera sobre los campos

sobre las casas los tejados las esquinas.

Llueve dentro de las casas los jardines

sobre y bajo de los puentes.

Ruidosa furiosamente entre las enredaderas en los balcones

sobre los autos la gente.

Llueve.

 

 

Livianos

 como plumas eran por entonces nuestros pensamientos,

Zitarroza cantaba algo bajito,

y las horas pasaban

como pompas de jabón bajo la parra.

Cortazar contaba de sus cosas,  el milenio moría.

Y los gatos también perseguían espectros.

 

 

Que tiene para decir tanto silencio?

El viento frío, el charco en la vereda,

el cielo neblinoso la montaña,

el sonido del reloj, el segundero.,

¿Se han convocado hoy para contar su historia?

El árbol detenido en mi ventana,

ningún pájaro, tanto invierno.

Tu abrazo por las noches, el sueño desvelado,

la llama de la vela, algún retrato.

Y la distancia, que permanece allí aun sin nombrarla,

agazapada debajo de la cama, sobre la silla del cuarto,

en mis cuadernos.

 

 

La humedad de tu boca me recuerda

otros sueños,

me lleva hacia otro espacio,

y sin embargo tan hondo, tan profundo.

Tu boca en la penumbra murmura las palabras dichas hace tiempo,

cuando la vida era entonces, toda recién nacida,

y las cosas no lo que aparentan,

allí donde se mezclan derrotas y utopías.

Tu boca me devuelve tantas cosas perdidas,

como en aquellos días cuando cae la lluvia

y las palabras al fin golpean las ventanas.

 

 

Los viejos paisajes quedan grabados en la piel como una corteza , quedan en la sangre como el rumor de un río. Los paisajes son como una segunda piel que se compone de olores de sabores de sonidos.

 

 

"Camino, camino algún día llegaré

a la casa de un duende que se llama Gaspar..."

¿Falta mucho para llegar?

Ninguna voz responde

¿Falta mucho para llegar?

 

 

Bajo el Parral del patio parte un barco,

suena la sirena ...Comienza el viaje.

Decimos adiós con los pañuelos,

(gaviotas ebrias que agitan en el viento las alas de la infancia).

Las horas se encadenan enormes, azuladas

y de entre los malvones van brotando las olas,

traen consigo el bramido de las profundidades,

el canto de sirenas , el relato de héroes navegantes,

de monstruos ignorados.

Y la noche comienza a tejer su misterio,

sus sueños desolados, su jauría de historias.

Un mareo de estrellas, vibra el barco,

como una sombra perdida

entre la bruma húmeda del patio.

 

 

“ Como en la crisis del nacimiento, como en el comienzo alarmante y alarmado del terror metafísico de donde brota el manantial de mis primeros versos, como en un nuevo crepúsculo que mi propia creación ha provocado, entro en una agonía, y en la segunda soledad.

“¿Hacía donde ir?¿Hacía donde regresar, conducir, callar o palpitar?”

“Miro hacia todos los puntos de la claridad y de la oscuridad y no encuentro más que el propio vacío que mis manos elaboraron con cuidado fatal”

                                                                                             Mayakouski

 

 

Calle abajo bailan mis deseos,

las oscuras razones que fue llevando el viento.

Y septiembre se enrosca se me anuda en el pecho,

me oprime la garganta y son susurros viejos,

siempre la misma historia repetida en el tiempo,

la razón de los fuertes, siempre el mismo silencio.

Cae roja la sangre,

moradas cataratas que conjuran el miedo,

criaturas con alas fugitivas del tiempo.

¿Con que red, con que historia, con que inútil quimera,

he querido atrapar mariposas sin sueño?

 

 

¿El regreso?

La ciudad desnuda, el frío, el abrigo,

la palabra apenas dicha, el olvido,

 treinta años del golpe, Videla y sus secuaces.

Y nosotros aquí aun sin entendernos,

las pequeñas rencillas cotidianas.

En la esquina del cuarto unas revistas,

dos dinosaurios verde pilotean un auto,

unos pañuelos blancos en la plaza se levantan del polvo,

como alas.

 

 

“Nuestra historia no ha sido una marcha, en ninguna de las acepciones y variantes de esta palabra: la línea recta de los evolucionistas, el zigzag de los dialécticos o el circulo de los neoplatónicos. Nuestra historia ha sido un proceso hecho de saltos y caídas, danza a ratos, otras letargo interrumpido por un súbito y violento despertar”

                                                                                               Octavio Paz

 

 

Aquí estoy, en la intemperie,

tiritando.

Mirando caer una llovizna gris en el lugar donde nací,

de pie y sin abrigo,

sintiendo las tenazas de tu ira,

expuesta como un árbol sin hojas,

pura desnudez,

siguiendo el itinerario del frío.

Esta noche enciendo un poema,

como una braza.

 

 

Duermen los niños en las bocas de los subtes,

y sueñan.

Los paraísos se desenredan del gran ovillo de la vida,

Mac Donald patrocina los jardines de Aladino,

lámparas mágicas los escaparates,

Simbad desde un container nos anima

-Naveguemos por las alcantarillas-

-Descubramos otras  islas encantadas-

Y nosotros aquí, tan amarrados.

La escalera mecánica sube y sube,

como habichuelas hacia  otras realidades,

y nosotros aquí tan amarrados.

Por la Plaza de Mayo caminan las palomas.

 

 

“No buscamos el misterio, somos el misterio”

                                                               José Clemente Orozco

 

 

"Camino, camino algún día llegaré..."

¿Falta mucho para llegar?

Ninguna voz responde

¿Falta mucho para llegar?

                                                                         

 

            

                                                 Gladys,

                                                 Buenos Aires enero del 2009

Gladys Ines Gribaldo

gribaldogladys@yahoo.com.ar

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